Habiendo escuchado en los últimos días la seguidilla de pronunciamientos del Canciller Luis Almagro sobre el conflicto entre Israel y Hamas en la Franja de Gaza, resulta sorprendente-por decirlo delicadamente- leer el comunicado de prensa 40/14 que el Ministerio de Relaciones Exteriores publicó sobre las atrocidades que extremistas islámicos están cometiendo contra cristianos y yazidis en Irak. Dicho sea de paso, las cometen también contra todos aquellos que se le oponen, también musulmanes que no concuerdan con ellos.
«El gobierno de la República Oriental del Uruguay expresa su preocupación por la creciente inestabilidad política en Irak y el aumento de la violencia en distintas regiones del país», es el primer párrafo del comunicado emitido esta semana. Lo más duro que se dice sobre las barbaridades del Estado Islámico de Irak y el Levante es que Uruguay las condena «firmemente».
Niños cristianos están siendo degollados, cristianos crucificados y sus cabezas colgadas en postes en plazas públicas, mujeres violadas y vendidas como esclavas, poblaciones enteras expulsadas y condenadas a morir , civiles enterrados vivos o muertos, en fosas comunes y lo que dice la Cancillería es que eso debe ser condenado «firmemente».
Claro que está bien que se lo condena-faltaba más-pero es inevitable quedarnos con la impresión de que este tono es incomparablemente menor en su energía y firmeza, que el usado por Almagro para hablar de Israel y Gaza.
Durante varios días, el Canciller parecía levantarse pensando qué podrá decir hoy sobre Israel, con qué términos duros condenar lo que ocurrió en la Franja de Gaza y con qué expresiones vilificar a Israel como un país criminal , sin mencionar siquiera a Hamas. Pero sobre la locura que está ocurriendo en Irak, todo lo que se le ocurre a la Cancillería encabezada por él es expresar «preocupación por la creciente inestabilidad política en Irak y el aumento de la violencia en distintas regiones del país».
Es más: sobre ninguna situación de conflicto en diferentes partes del globo, en las que hubo una mucho mayor cantidad de muertos que los cobrados por la respuesta militar israelí a los cohetes de Hamas, hemos sentido la virulencia con que se ha hablado contra Israel.
El problema no es que la Cancillería no tenga derecho a discrepar. Por supuesto que lo tiene. También a criticar a un país tradicionalmente amigo de Uruguay. Pero lo que se ha estado haciendo es un constante esfuerzo por presentar a Israel como un país criminal que debe ser condenado por la comunidad de naciones, haciendo caso omiso de los continuos ataques indiscriminados que sufre desde hace años por parte de Hamas y otros grupos radicales armados en Gaza, que lanzan cohetes dirigidos intencionalmente contra la población civil en territorio israelí.
«Es demasiado fuerte, demasiado grande, como para que desde nuestra sociedad podamos dejar eso sin condenar», dijo el Canciller días atrás al hablar de los niños muertos en Gaza. Y estas líneas nuestras, no pasan por alegar que no es terrible que mueran niños. Claro que sí. El problema es cuando se analiza sin hacer referencia ninguna al uso que hace Hamas de sus propios niños y civiles en general, y cuando tantas otras situaciones terribles, mucho más cruentas que Gaza, no merecieron ser consideradas como «demasiado grandes» como para que «desde nuestra sociedad podamos dejar eso sin condenar».
Afirmar, como lo ha hecho, que «Gaza es un gran campo de concentración», puede ser explicado sólo por la ignorancia o por la mala intención. Queremos suponer que el Canciller de la República es un hombre informado y sabe que un campo de concentración no está lleno de misiles y explosivos manejados por los allí supuestamente encerrados..Y que allí no entran diariamente 250 camiones con ayuda humanitaria enviados por el «enemigo». De un campo de concentración tampoco salen las víctimas a recibir tratamiento médico de primer nivel en los hospitales del carcelero del otro lado de la frontera…Eso, el Canciller seguramente lo sabe. Así que queda la explicación alternativa: mala intención.
Hay otras aristas que a nuestro criterio ameritan ser criticadas. Y se refieren a los uruguayos judíos, tanto la colectividad judía uruguaya como los uruguayos radicados en Israel.
El Ministro Almagro ha dicho que «si hay un primer grupo que tendría que reconocer estos homicidios, por su experiencia histórica, por lo que sufrieron durante la Segunda Guerra Mundial tendría que ser la colectividad judía», agregando que «no se puede ser indulgente ni complaciente con esta clase de asesinatos». Además del hecho que nuevamente hace caso omiso absoluto de la guerra que Hamas impuso a Israel y presenta el operativo contra Hamas como homicidios y asesinatos premeditados, es gravísimo que el Canciller de la República use términos que pueden ser interpretados como un intento de descalificar a la colectividad judía uruguaya, por apoyar a Israel. El Canciller sabe claramente que eso lleva al antisemitismo y tiene el deber para con los uruguayos todos, de actuar con mayor responsabilidad.
Pero además, vive hablando de Gaza, ocultando gran parte de la verdad y deformando la situación, sin manifestar siquiera una palabra de preocupación por los miles de uruguayos radicados en Israel,que están siendo atacados por Hamas. Entre las comunidades colectivas, kibutzim, aledaños a la frontera con Gaza, hay no pocos uruguayos y otros sudamericanos, que son atacados por francotiradores palestinos desde Gaza cuando salen a trabajar en los campos, que corren el riesgo de ser alcanzados por morteros y cohetes cuando ordeñan en el tambo o simplemente cuando duermen.
Pero el Canciller Almagro no considera necesario manifestar empatía ninguna con esos compatriotas que viven bajo los cohetes y pueden morir en cualquier momento. Es una verdadera vergüenza.
Los errores del Canciller
18/Ago/2014
Montevideo Portal, Ana Jerozolimski